Reel Unreel, Francis Alÿs, 2011.
El camino de cada uno es una historia complicada,
donde inclusive se pretende dejar un rastro, ya sea por acciones, vestigios o
por memorias en distintos individuos, de echo, en algunos casos, tales
intenciones son algo vanas, egocéntricas y prescindibles, mas en el caso de
este video o documental, se muestra más como una exhibición, una llamada de
atención para voltear a ver lo que sucede en otros lugares, ajenos
completamente a la cotidianeidad de uno.
Por ello, el
título revela ya bastante, tanto con la idea de los carretes, del camino, del
desenrollar, pero más que nada de la imagen, pues al mostrar constantes
contrastes, todo forma parte con un motivo específico, nada es al azar, desde
los dos niños, uno deja el rastro y otro lo vuelve a guardar, perder y
recuperar, uno de blanco y otro de negro, ambos en un aparente juego común para
los niños de su edad, pues con unos 11 o 13 años, no se percatan del todo de la
situación a su alrededor.
Debido a las
complicadas circunstancias, ajenas por completo a ellos, se observa una ciudad
en decadencia, destruida y con mucha pobreza, y donde a pesar de ello, siguen
siendo vigilados, controlados desde las alturas por helicópteros, esos ojos que
están sobre sus espaldas, sin importar el daño que ya les han causado continúan
acechando.
Por
lo que, a pesar de que múltiples ojos los vigilan, una cámara los llevará a
muchísimos más ojos, pero para exponer, ampliar la visión del mundo, de lo que
sucede y también de lo que no sucede, de los actos buenos o malos, pero sobre
todo, de la capacidad de reconstrucción de un espacio, a partir de imágenes y
sonidos, llegando aún más directo al espectador, logrando la inmediatez de los
sucesos.
Me parece muy interesante la crítica, porque justo creo que el trabajo de Alÿs puede ser abordado desde el concepto de la circularidad, de la trayectoria; pero también desde una perspectiva personal,como un despertar o un caer en cuenta. Me parece que en muchos casos nos trazamos caminos, trayectorias y empezamos a recorrerlas cayendo en rutinas, en eternas idas y vueltas, olvidado qué era lo que se buscaba en un inicio. Incluso, podemos estar conscientes del objetivo, pero sin nunca poderle dar alcance. Ensimismados en nuestro camino, tratando de no perder el control, se nos escapan de la consciencia muchas cosas.
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