El video comienza mostrando un ojo,
de esto pasa a un exterior donde un hombre al parecer alterado pasa rápidamente
cerca de una pareja que después se ve aterrada mirando a la cámara. El hombre
entra ahora el edificio, checa su pulso, mientras baja una anciana de las
escaleras que se horroriza ante la cámara. Entra el hombre al su departamento
donde se encierra, revisa su pulso de nuevo. Ya en el cuarto el hombre
desesperado saca a su perro y gato, tapa los espejos y la jaula de su pájaro y
pescado, rompe sus dibujos y todas sus
fotografías. No soporta todo lo que tenga mirada. Cuando al fin parece tener
paz el hombre reclinado en su silla, este se levanta espantado al verse a sí
mismo frente a él mirándolo directo a los ojos.
El hombre estaba aterrado de ver su
propia mirada. El que él mismo se aterrara de su propia visión y que las demás
personas lo hicieran me hace pensar que lo que se presenciaba era a un muerto,
que ya no sabía más si estaba vivo y tenía que corroborar su pulso. Un muerto
en vida, que a través de la mirada se reflejaba su alma putrefacta. Toda
conexión con algo vivo resultaba muy dolorosa por lo que tenía que ser alejada
o destruida. Sin embargo trata de alejarse de todo pero no puede alejarse de él
mismo, que al final es el único que lo mira por completo. Una competencia entre
el que mira y el que está siendo mirado, entre el hombre consciente e
inconsciente.
El video demuestra la imposibilidad
de esconderse, ya no hay más privacidad, más aún sí este concepto se traduce a
las tecnologías de hoy en día, donde siempre hay la posibilidad de un tercer
ojo panóptico que regula todas nuestras acciones, nos volvemos unos paranoicos
que ya ni podemos vivir con nosotros mismos.
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