jueves, 23 de febrero de 2017

Gabriel Orozco, Kirumanzuto, CDMX, 2017.

Oxxo, Oroxxo…

El mundo del arte, desde hace ya varias décadas, ha estado en un momento de problemática, principalmente por la subjetividad que en algún momento salió respecto a la idea tan subjetiva donde se estipulaba que todo podía ser arte, donde cualquier propuesta se consideraría para alguna exposición o galería, llegando a tal punto, que los artistas ya no producían lo que la concepción clásica académica consideraría arte.
Sin embargo, es realmente la pregunta desde entonces: ¿qué se considera como arte?, ya que las nuevas producciones comienzan a realizarse con materiales distintos, con diversas presentaciones, en lugares inimaginables, más aún cuando al introducir lo interdisciplinario o multidisciplinario, las obras dan un cambio extremo, respecto a la experiencia estética y mensaje que los artistas pretenden transmitir.
Incluso, en algunos momentos, los artistas mismos se convierten en la obra, aunque sea por tan sólo un momento corto y fugaz, pero éste queda registrado multimediáticamente, mas en esta ocasión, el artista tomó un elemento que en la cotidianeidad incluso no tomamos tanto en cuenta, un Oxxo, una tienda en la que eventualmente nos abastecemos de alimentos y algunos otros productos, algunos son nacionales, otros internacionales, pero a fin de cuentas los consumimos.
En este caso, la mercancía cotidiana sufre un pequeño cambio, un accidente en la concepción de Aristóteles, donde esa minúscula variación no afectó en su totalidad al producto en sí mismo, pero en sentido valorativo, se transformó completamente, ya que adquiriendo el logo o estampa característico del artista, deja de verse como un objeto cualquiera, incluso en la temática de la tienda no está permitido venderse como cualquier otro artículo, que es ahí donde, de acuerdo a lo debatido en clase, se observa cierto discurso en el que se critica la manera en la que el arte se convirtió en mera comercialización para las galerías y algunos coleccionistas, convirtiéndose en puro objeto, o en el caso más extremo, en puros números, que resultan determinados directamente proporcional a la popularidad del artista.

Aunque también, no logro comprender si era la intención del artista que múltiples espectadores llegaran a consumir cual Oxxo cualquiera, comprendiendo la metodología de ciertos artículos marcados se compraban, no en cajas, sino directo con la galería, así como, si se esperaba tal reacción, porque evidentemente, y en base a las lecturas, se convirtió en una obra que puede recibir diversas críticas, pero es ésta quien, al momento de la experiencia, juzga al espectador, en cuanto a lo que hace una vez al entrar, si sólo toma fotos, si consume algún alimento o bebida, si sólo va a ver, y más aún si acceden a la “segunda parte”, donde se observa un cambio significativo en la presentación de los productos, ya como una galería como tal, no en un aparador o refrigerador, sino en un estante a determinada altura y junto con determinados objetos a su lado, aunque si, todos ya con el logo característico del artista.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.