Gabriel Orozco, Kirumanzuto, CDMX, 2017.
Oxxo, Oroxxo…
El mundo del arte, desde hace ya varias décadas, ha
estado en un momento de problemática, principalmente por la subjetividad que en
algún momento salió respecto a la idea tan subjetiva donde se estipulaba que
todo podía ser arte, donde cualquier propuesta se consideraría para alguna
exposición o galería, llegando a tal punto, que los artistas ya no producían lo
que la concepción clásica académica consideraría arte.
Sin embargo, es realmente la pregunta desde entonces:
¿qué se considera como arte?, ya que las nuevas producciones comienzan a
realizarse con materiales distintos, con diversas presentaciones, en lugares
inimaginables, más aún cuando al introducir lo interdisciplinario o
multidisciplinario, las obras dan un cambio extremo, respecto a la experiencia
estética y mensaje que los artistas pretenden transmitir.
Incluso, en algunos momentos, los artistas mismos se
convierten en la obra, aunque sea por tan sólo un momento corto y fugaz, pero
éste queda registrado multimediáticamente, mas en esta ocasión, el artista tomó
un elemento que en la cotidianeidad incluso no tomamos tanto en cuenta, un
Oxxo, una tienda en la que eventualmente nos abastecemos de alimentos y algunos
otros productos, algunos son nacionales, otros internacionales, pero a fin de
cuentas los consumimos.
En este caso, la mercancía cotidiana sufre un pequeño
cambio, un accidente en la concepción de Aristóteles, donde esa minúscula
variación no afectó en su totalidad al producto en sí mismo, pero en sentido
valorativo, se transformó completamente, ya que adquiriendo el logo o estampa
característico del artista, deja de verse como un objeto cualquiera, incluso en
la temática de la tienda no está permitido venderse como cualquier otro
artículo, que es ahí donde, de acuerdo a lo debatido en clase, se observa
cierto discurso en el que se critica la manera en la que el arte se convirtió
en mera comercialización para las galerías y algunos coleccionistas,
convirtiéndose en puro objeto, o en el caso más extremo, en puros números, que
resultan determinados directamente proporcional a la popularidad del artista.
Aunque también, no logro comprender si era la
intención del artista que múltiples espectadores llegaran a consumir cual Oxxo
cualquiera, comprendiendo la metodología de ciertos artículos marcados se compraban, no en cajas, sino directo con la
galería, así como, si se esperaba tal reacción, porque evidentemente, y en base
a las lecturas, se convirtió en una obra que puede recibir diversas críticas,
pero es ésta quien, al momento de la experiencia, juzga al espectador, en
cuanto a lo que hace una vez al entrar, si sólo toma fotos, si consume algún
alimento o bebida, si sólo va a ver, y más aún si acceden a la “segunda parte”,
donde se observa un cambio significativo en la presentación de los productos,
ya como una galería como tal, no en un aparador o refrigerador, sino en un
estante a determinada altura y junto con determinados objetos a su lado, aunque
si, todos ya con el logo característico del artista.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.