miércoles, 15 de febrero de 2017

Gabriel Orozco - Oroxxo

En este proyecto, Gabriel Orozco instaló la famosa tienda de conveniencia Oxxo en la galería Kurimanzutto. Al entrar, se le da al espectador un billete con la impresión mitad dólar y mitad peso y la centro el logo del artista. Al entrar a la tienda en cuestión, uno se encuentra la casi total normalidad de un Oxxo, sin embargo, al poco tiempo se puede apreciar que algunos objetos están intervenidos por el artista. Se invita al espectador a canjear su billete por cualquier cosa del Oxxo no intervenida (a excepción de electrónicos y botellas de alcohol grandes, posteriormente un amigo me mencionaría que ya ni siquiera se podría canjear en absoluto por alcohol o cigarros.), si se quieren más billetes, se tendrán que pagar por cada uno mil pesos y si se quiere comprar un producto intervenido tendrá que hacerse bajo las reglas normales de compra de arte, saliendo del Oxxo para ir a la sección de ventas en la galería, donde se tiene que estar dispuesto a pagar cantidades extraordinarias (cotidianas para la obra de Orozco). Saliendo por el otro lado del Oxxo, se puede apreciar una galería en su formato habitual donde se exhiben empaques intervenidos despojados de sus productos perecederos.

La obra resulta una evidencia más que una crítica del cinismo del mercado del arte. Una obra que se expone bajo una falsa democratización, utilizando una marca reconocida y utilizada por la mayoría de los mexicanos. Sin embargo, la obra a la vez es una gran propuesta del marketing, al ser una marca así de reconocida, aparte de darle prestigio a la tienda, todo mundo habla de la obra, y no por las razones que el artista proponía (hasta donde sabemos), nadie habla del cuestionamiento del mercado del arte, todos se preguntan si siquiera es arte.  Al entrar a este Oxxo, uno se convierte un marginalizado donde un poder, la galería, le impone lo que puede o no adquirir. Un clasismo que revela quien puede jugar en el mundo del arte, y quien puede pretender jugar. La crítica al mercado que pretendía el artista se muestra fallida al solo reforzar las reglas del juego. Radical hubiera sido que sí se hubiera podido llevar cualquier producto, inclusive los intervenidos, con el mismo billete. Nadie se atreve, ni el artista, ni la galería, ni los coleccionistas a abaratar la obra de Orozco. La obra cae un ciclo vicioso de la pseudo-crítica desde el mismo arte, que funciona de cierta manera y no pretende cambiar. 

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