Film,
Samuel Beckett
La
única incursión cinematográfica de Beckett inicia con la imagen muy de cerca de
un ojo, luego se nos muestra a un personaje que recorre su camino a casa, en el
trayecto se encuentra con tres personajes mismos que después de enfrentarse a
una clase de fuerza que parece perseguir al personaje son víctimas del horror
del que también nuestro personaje huye. Después el personaje llega a su
departamento que contiene apenas un par de muebles: una cama, una mecedora y un
buro en el cuarto habitan una serie de animales, un gato, un perro, un perico y
un pez, hay también un espejo, una ventana y lo que parece la caricatura de un
hombre.
El
personaje principal, huye de todo aquello que tenga que ver algo con la mirada,
saca al gato y al perro del cuarto, cubre la jaula del ave y la pecera, tapa el
espejo, cierra la puerta y cubre lo mejor que puede la ventana, incluso rompe
la caricatura. Tras hacer todo lo anterior toma asiento en la mecedora y se
dispone a abrir un sobre, este contiene algunas fotografías que tras ser vistas
son rotas por el personaje y tras ese acto se encuentra frente a frente con el
mismo, al final de la única mirada de la que no pudo huir fue la de sí mismo.
La
pieza cinematográfica es muy densa, muestra una cara casi tenebrosa del cine
recurriendo al aspecto esencial de este, la mirada, una mirada de la que no se
puede escapar, capaz de mostrar en cámara aspectos de la sociedad que ella
misma no quiere ver.
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