Harun Farocki, muestra en esta película
abstracta una serie de imágenes y videos, mientras una voice en off va creando
una narrativa. Algunas de las escenas más remarcables es en el principio donde
se ve un edificio donde se crean olas de agua bajo un ambiente controlado y
donde se prueban pequeños barcos a escala, otra escena muestra la imagen de una
mujer en Auschwitz, que poco tiempo después de ser fotografiada fue matada. Quizá la escena más impactante es cuando se narra la historia de cuando la CIA
americana sobrevoló y fotografió los campos de concentración en Alemania, sin
embargo no presto atención a ellos ni realizo ninguna acción, ya que ellos
solamente buscaban una planta industrial.
La película de Farocki nos muestra
como hemos creado dispositivos tecnológicos que nos han distanciado de la
humanidad. Tener un registro fotográfico nos basta para guardar la memoria de
su existencia, lo que está afuera ya no importa. Preferimos apreciar el mundo
desde un ambiente seguro, desde el monitor de nuestras casas, no podemos
siquiera dar un paso hacia afuera o voltear a otro lado para ver la realidad.
Vivimos en una simulación del mundo, más aún ahora, con redes sociales donde
cada quién se personifica para alcanzar su modelo de idealidad. Tal vez está es
nuestra nueva realidad, y ya no existimos ni tenemos personalidad si no es por
estos aparatos, nuestras identidades son ahora necesariamente formadas por
ellos. A la vez, estos dispositivos funcionan como una jaula de control
panóptico que regula nuestros comportamientos en la sociedad, las imágenes que
nos llegan de países distantes son controladas por los medios masivos en poder
que moldean a sus intereses las narrativas, manipulando los discursos
históricos del mundo. Creemos que tenemos opinión propia, creemos que sabemos
lo que está pasando, pero vivimos en un mundo alterno donde unas imágenes se
valoran y otras se ignoran.
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