Crítica
“Fake Paradise” de
Melanie Bonajo
La
película documental “Fake Paradise” realizada por la artista holandesa Melanie
Bonajo, pertenece a la trilogía “Night Soil”; en este proyecto, Bonajo examina
el efecto alucinógeno de algunas drogas, incluyendo algunas naturales como la ayahuasca.
También explora y cuestiona algunos conceptos como la sexualidad, lo femenino y
la naturaleza, así como el vínculo perdido entre ésta, la espiritualidad y el
rito. Otro punto importante de “Fake Paradise” es el enfoque o el lugar que se
le otorga a la tecnología, ¿cómo están funcionado las nuevas herramientas en
este intento de volver al origen?
A
lo largo del documental se observa a los participantes, mujeres y hombres que tratan
de restaurar el vínculo tan profanado y transgredido con la naturaleza y la espiritualidad,
realizan “ritos” y consumen drogas con la intención de traspasar el plano
material en el que se encuentran; pero de manera personal, creo que sólo evidencian
lo contrario. Creo que la esencia del ritual la perdieron de vista, la
necesidad de comunicarse y vincularse con algo superior o cosmogónico fue
sustituida por la moda del ser ecologista y del consumo de estupefacientes, con
la intención de presentarse ante las redes sociales- con la ayuda de la tecnología-
como seres “únicos y diferentes”.
En
este sentido, el nombre del proyecto me parece muy acertado, porque es justamente
un paraíso falso, un estado falso de consciencia que no conduce a ningún lado,
es ocioso, una conexión con la espiritualidad totalmente posada y artificial; únicamente
reflejando con mayor veracidad el mundo material y superficial en el que nos encontramos
inmersos. El proyecto presenta la espiritualidad y el vínculo especial e
introspectivo, como algo que se puede adquirir como cualquier producto, y no
sólo eso, sino que pareciera que el proceso no está completo hasta que personas
ajenas a éste y al individuo mismo, lo acreditan en una plataforma tan artificial
como son las redes sociales.
Y
aun si se pensara que sí se logró un regreso al origen o se estableció un
vínculo, no se mostró a los participantes compartiendo su experiencia o el
mensaje con otros, lo más que llegaron a “compartir”, fueron fotografías en
redes sociales. De nuevo, un medio totalmente banal que nada tiene que ver con conexión
cosmogónicas, espirituales o rituales; es un medio que en automático banaliza y
trivializa lo compartido ahí, y más que compartir es hacer alarde o jactarse de
actividades totalmente individuales y sin ninguna trascendencia. Me parece
importante mencionarlo, ya el objetivo de procesos que buscan vínculos y
conexiones, es justamente un religare, es un volver a unir, tiene que ver con
comunidad, con unidad y con la destrucción de pensamientos individualistas para
poder acceder a aquello que nos es común a todos, para Ser de nuevo todos y
nadie.