“Memoria devastada” - Cecilia Hurtado y Miriam Salado
Sallira Mendoza Reséndiz
La exposición consta de tres espacios primordiales,
la primera es la zona fotográfica, la segunda, la escultórica, y la tercera,
formada por algunos dibujos, la parte fotográfica, al mismo tiempo contiene
tres divisiones: un video, una serie de cuadros contraponiendo dos fotos con
elementos similares, y por último, una superposición de algunos retratos, algo
antiguos, con la imagen de algún cráneo, ambos sobre cristal, por lo que
apoyado en la transparencia del material, permite que se observen las dos
imágenes.
El video, con el que comienza el recorrido de la
exposición, permite ver la manera en la que una serie de fotografías, que están
siendo quemadas, colocadas en una especie de tendedero, se queman poco a poco,
algunas fotos han sido arrugadas y estiradas de nuevo, aunque no en su
totalidad, pero con el fin de modificar aquel camino del fuego en su pequeña
devastación.
En la serie siguiente, al colocar dos imágenes
juntas, compartiendo elementos como ventanas, escaletas, arquitectura, entre
otros, juega con la imaginación del espectador, pues éste comienza a entrelazar
dichas imágenes creando alguna historia que las conecte, cuando en realidad,
una de las fotografías pertenecía a un registro forense, captando la escena
donde se había encontrado el cadáver, incluso en algunas de ellas aún podía
verse presente, en otros sólo el rastro de donde estuvo.
Con los retratos sobre cristal, desde algunos puntos
se visualizaba más el personaje y desde otros el cráneo, jugando con esta
superposición de las imágenes, con la representación algo ambigua de un sujeto,
que claramente, por la apariencia antigua, ya murió, por lo que al mezclar la
fotografía con la más básica representación de la muerte, proyecta un juego con
la memoria de quienes pudieron ser, pero que ya fallecieron.
Pasando a las composiciones escultóricas, las cuales
se conformaban por dos amontonamientos de materiales distintos, uno de ellos de
yeso, con elementos algo complicados de visualizar, pues eran unidades
convexas, con pequeñas hendiduras similares a las que se forma en la columna
vertebral, en la espalda de un humano en posición fetal, que de hecho
correspondían al interior de un caparazón de tortuga, ya que una de las
artistas al encontrarse con dicho artefacto vacío, es decir, que ya habían
extraído a la tortuga, decidió sacar un molde del rastro del caparazón, donde
en algún momento éste registro en yeso, había sido en realidad ocupado por una
vida.
La segunda pieza, ya no era en sí un amontonamiento,
sino una estructurada formación de figuras en madera, similares a los
“recuerdos” que venden en distintos lugares, o más conocidos como “souvenirs”,
pero dichas figuras estaban hechas de un tipo de madera muy particular,
proveniente de un árbol en peligro de extinción, sin embargo, las unidades que
se encontraban presentes en la sala, habían sido desechadas por alguna anomalía
o defecto en su producción, desperdiciando la madera utilizada, es decir,
haciendo por completo un pésimo uso del árbol que de por sí ya estaban
agotando, mostrando la ignorancia del hombre por pretender explotar a toda
costa los recursos de la naturaleza, aunque con un uso completamente banal e
innecesario.
La última parte de la exposición como tal, mostraba
una serie corta de dibujos, representando algunos fragmentos de lo que serían
huesos de ballena, dichas imágenes eran a tamaño natural, aunque no con fines
anatómicos, sino que dichos huesos habían sido encontrados, arrojados prácticamente
a la basura, una vez más mostrando la parte egoísta del humano, aprovechándose
de su entorno, en lugar de procurarlo y cuidarlo.
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