La
obra comienza cuando se invita a grupos de personas de distintas agrupaciones con
opiniones religiosas y políticas muy diferentes entre ellas. Se les pide a cada
grupo por separado que realicen un cartel que ejemplifique la visión del
pensamiento de su agrupación. Posteriormente reúnen a todos los grupos y les
dan direcciones de poder hacer lo que quieran con los carteles de los otros si
no concuerdan con sus ideas. Al principio comienzan por hacer sutiles
modificaciones, como cortar cosas y escribir cosas inofensivas. Lo que pronto
escalan a ser insultos y a acciones violentas contra el otro sin tomar en
cuenta ningún segundo sus opiniones. Ya al final no era ni siquiera una lucha
entre ideologías, ya solamente era una pelea imparable que había escalado a
niveles violentos que culmina cuando se prende fuego a un cartel y todos tienen
que ser evacuados del edificio.
La
obra demuestra cómo en la violencia no se puede tener ninguna discusión, cuando
uno ya se muestra a la defensiva porque se cree que se ataca el argumento
propio, nunca se puede realmente escuchar al otro. A la vez también demuestra
como actos de violencia, como el mostrado en la obra tanto en la realidad, ya
no están siquiera fundamentados en una oposición certera de argumentos,
realmente lo único que hace que continué la pelea es el momentum generado de estar en ella y rendirse o hacer las paces es
una muestra de debilidad que ninguna de las partes quiere demostrar. Termina
siendo una guerra de actos impulsivos en un afán de demostrar quién tiene el
poder, pero el poder realmente sería
poder recapacitar y ver qué se está logrando por medio de esos actos. Al final
es destrucción para todas las partes.
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