miércoles, 6 de abril de 2016

Manolo Larrosa

Del viento y la piedra.

Es fundamental decir que las piezas de las que escribo se diseñaron in situ para este espacio recién remodelado llamado “Celda contemporánea” en el interior del Claustro de Sor Juana. Teniendo los autores como premisa dialogar con el espacio, nos encontramos con dos propuestas que además de enfocarse en su propia materialidad hacen un juego con la luz y el espacio donde aparecen.

Saúl Kaminer diseñó una pieza que tiene como objetivo provocar la reflexión en torno a la materialización y cualidad del dibujo. El medio es una especie de trazo tubular que engloba el aire metafóricamente a  través de la transmisión del aliento de su creador. Me parece que la pieza tiene dos aciertos, la disolución de la sensación del espacio común configurada automáticamente por la vista, al usar las luces para hacer del piso un espejo en el que se reproducía la pieza y provocaba cierto desconcierto al jugar con las curvas y requiebros de la línea del tubo, momento en el cual se integra el segundo logro, la transitabilidad de la pieza, acompañada de la reflexión sobre la producción de un gesto dibujante, que es atravesable por el espectador para entrar así en el espacio de la tridimensionalidad que de otra forma sólo es accesible a la percepción visual e imaginativa, que aquí se corporaliza por la experiencia.

En cuanto a lo presentado por Francisco Muñoz, he buscado la relación que tiene con el trabajo de Kaminer y supongo -porque no estoy seguro de qué tanto estoy especulando por la necesidad de encontrar este vínculo, ya que se mencionó que existía en el taller- que el viento aquí se presenta en el uso o en el interior de las piezas elegidas, en tanto que el diálogo con el espacio se da en ámbito de la reflexión sobre la obsolescencia y la condición de los vestigios.
La obsolescencia superada, porque una ruina, como es el caso del Claustro, puede convertirse en el lugar más habitable y pulcro gracias a una pantalla de cristal, la cual vuelve habitable la ruina sin ensuciarla, aunque siempre distanciada. Ambas condiciones también se materializan en sus piezas, hechas de cemento, con fisuras, con pérdidas de fragmentos pero aún identificables,  aunque en su caso son ruinas figurativas del presente, de lo que producimos hoy en día. Estoy pensando especificamente en las piezas de tecnología convertidas en piedra, vueltas fósil, aunque contemporáneas. Parece estar reflexionando en cuanto a la determinación de los significados por la aparición semántica del significante. En el caso de la celda, la atención y la intención para su uso actual la ha salvado de esta obsolescencia a la que se ven destinados todos los objetos que el artista reprodujo. El vestigio tiene este carácter por la consideración en que se le tiene. Los que él posicionó alcanzan a proyectar su sombra, a aparecer en el espacio aislado por la relación con la luz.

La relación con el viento es más esquiva porque la forma de las piezas que remiten al uso del mismo para ser accionadas sólo es fiel en la figura, no en aplicación, entonces su transmutación de materialización en ese formato de piedra esculpida les quita la posibilidad de utilizarse, están cerradas, al igual que el conducto creado por Kaminer, quizás Muñoz esté reprochándole esta inaccesibilidad de su producción.

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