Estrenada en el año 2012, Final
Cut,
película dirigida por el húngaro György
Pálfi, muestra una recopilación de fragmentos variados
de distintas películas que en la unión, conforman una sola narrativa: la
historia de amor por excelencia. Desde el momento en que da inicio la película
y aparecen en pantalla un aglomerado de nombres que conforman las siluetas de
una pareja en el momento del beso, se puede prever el argumento.
Aquel romance con el que la gran mayoría se pueda sentir identificada. La historia es simple: un hombre
se enamora de una bella mujer, ambos comienzan una relación y en algún punto la
relación que mantienen se ve trastocada por algún factor, cualquiera que este
sea, un triángulo amoroso, por ejemplo. El fallo es que el conflicto generado
se resuelve sin mayor complicación que un “y vivieron felices para siempre”.
La unión de todos estos fragmentos que por separado resultan tener un
mismo hilo conductor, nos habla de cómo se ha construido una cierta idea acerca
de cuáles deben ser los valores universales que en una relación de pareja se
deben encontrar, y refleja el uso excesivo que se les ha dado.
Estos
valores que han sido sobreexplotados educan al colectivo, guiándolo a una forma
idealizada de cómo se debe ser querido y como se debe de querer, acotando la
posibilidad de lo que es el amor a una sola vía, la impuesta.
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