My voice will reach you (2009) es el nombre que recibe una de las piezas montadas por el artista japonés Meiro Koizumi . La obra presentada es un video de corta duración cuya temática se centra en un personaje masculino, en sus acciones y en el espacio que lo rodea.
La primera escena del video enfoca a un individuo de escasos 35 años, éste se encuentra de pie, viste ropa formal y tiene un celular en la mano. El personaje está recargado en un semáforo posicionado en el extremo de una calle, rodeado de edificios y espectaculares, inmerso entre el ir y venir de múltiples personas y autos. Realiza un ciclo de llamadas repetitivas en las que una y otra vez invita a su madre a salir, a que lo acompañe, a que se relajen un poco, a que se despreocupe por el dinero, sin embargo, a pesar de las diversas gesticulaciones emitidas por el personaje principal nunca se escucha la voz de la madre.
En la segunda parte, el curso del video es permutado radicalmente. El personaje empieza a leer una carta para su madre; en ella expresa cuánto la extraña, lo mucho que la echa de menos, lo difícil que es estar sin su presencia y los pensamientos cuantiosos que frecuentemente tiene sobre su pasado. Mientras expone sus sentimientos aparecen en el fondo una serie de tomas de espacios vacíos, acto seguido, una fotografía de su infancia en la que está acompañado por su madre.
Para finalizar el video, el artista nos remonta a la primera escena, revelándonos el fundamento que da coherencia a la lógica de su obra. Las llamadas que realizó en un inicio no fueron con su madre, jamás cruzó palabra con ella, son llamadas azarosas realizadas a diversas personas en distintos contextos y lugares. A todas las personas con las que se comunicó les repitió el mismo guión, las mismas preguntas; causando su asombro y desconcierto lo que los llevaba a interrumpir la llamada y eventualmente colgar.
Para finalizar el video, el artista nos remonta a la primera escena, revelándonos el fundamento que da coherencia a la lógica de su obra. Las llamadas que realizó en un inicio no fueron con su madre, jamás cruzó palabra con ella, son llamadas azarosas realizadas a diversas personas en distintos contextos y lugares. A todas las personas con las que se comunicó les repitió el mismo guión, las mismas preguntas; causando su asombro y desconcierto lo que los llevaba a interrumpir la llamada y eventualmente colgar.
Compositivamente, tiene un inicio donde plantea la situación, un desarrollo en el que desenvuelve los argumentos y un desenlace en el que los elementos planteados cobran sentido. El uso de componentes como la música, la voz del personaje, el escenario, el movimiento, la posición, el enfoque de la cámara y el ruido de la ciudad captan la atención del espectador en un solo punto. Es una obra segmentada, es decir está compuesta por piezas que son dadas por el artista pero que poco a poco van armándose por el espectador hasta que éste le otorgue nuevos significados. El video logra que el espectador capte la historia debido a que el artista utiliza símbolos y sentimientos universales que son fáciles de emular en cada persona.
Este video más allá de ser una crítica hacia un sector, una persona o un tema en específico se concentra en el juego de emociones; en la presencia del pasado, en las memorias de la niñez, en los recuerdos, en la soledad, en el arrepentimiento, en el anhelo de regresar a espacios y tiempos que no volverán.
El personaje encuentra indicios del pasado que siguen presentes en sus sentimientos y pensamientos; afectando, interviniendo, reconfigurando y resignificando su presente.
Por Itzel Hinojosa Padilla
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