martes, 2 de febrero de 2016

La ausencia en la presencia: My voice will reach you



Meiro Koizumi  es un artista japonés que a partir de un montaje escénico en su vídeo-instalación: My voice will reach you,  evidencia la ausencia en la presencia dentro de la sociedad actual, es decir, la situación de la aparente cercanía con el otro dentro de una comunidad, que a la vez es indiferente y aislada, que se mira como una otredad con la que no guarda una aproximación sensible o comunicativa, transformando  así, la interacción en una acción mecánica y desentendida.

Al comienzo del vídeo se pueden percibir los sonidos urbanos de una metrópolis en movimiento. En la escena principal se ve a un hombre, en medio de un cruce peatonal, llevando acabo una conversación por celular, de la  que sólo se puede oír su intervención, la conversación revela que la persona al otro lado del celular es la madre del protagonista. 

A su alrededor se observa el transito sin cesar de gente que viene y va de manera autómata. La luz  del día cambia progresivamente a la par del desarrollo de la conversación, dando la sensación de un cambio temporal en donde la acción del hombre se ve interrumpida y a manera de edición se arma un discurso coherente entre él y el receptor ausente.  El observador perspicaz puede intuir, debido al nombre del vídeo, que la madre ya no está con vida y el acto del hombre al habla se conforma como un intento de revivirla o incluso cómo una forma de enfrentarse al duelo.

Las sospechas se confirman cuando el vídeo pierde el sonido y el entorno urbano en movimiento muta a una secuencia de fotografías de escenarios aislados, acompañados por una carta hecha por un hijo a su madre en la cual se plasman recuerdos de su niñez, los lugares aislados cambian a fotografías que ilustran los recuerdos infantiles de quien la escribe. De manera agridulce, el autor de la carta reconoce la limitación en la que se encuentra, pues la carta jamás podrá ser recibida. Sin embargo, en un tono nostálgico, declara su esperanza de que sus palabras lleguen hasta donde puedan ser escuchadas por la persona a la que son destinadas.

Con este giro amargo, el vídeo regresa a la escena que abrió la puesta: el hombre hablando por celular, sólo que en esta ocasión, se nos permite escuchar la repuesta del interlocutor. Se revela entonces que la persona al extremo del aparato es en realidad un grupo de vendedores y empleados de asistencia telefónica. 

El hombre se dirige a ellos como si hablara con su madre, des-contextualizando a los venderos quienes, al no saber cómo reaccionar, intentan aclarar lo que creen que es una confusión por parte del hombre al habla, explicando su función y repitiendo la empresa para la que trabajan, o bien forzando la conversación a como "debería de ser", es decir, intentan cumplir con su función brindándole al hombre la atención que su puesto demanda, ignorando las palabras de este. Al mismo tiempo el hombre ignora los intentos de los interlocutores y a manera de monólogo prosigue con su guion. 

El diálogo del hombre se repite una y otra vez con cada vendedor. A partir de este intercambio unilateral e individual de comunicación, se conforma una sola narrativa hasta que al final, la conversación es terminada por parte del interlocutor al cortar la llamada, dejando al hombre preguntándose una y otra vez por su madre.

El vídeo tiene varios niveles de interpretación. Si bien, en un principio, puede leerse como una catarsis por parte del artista ante la muerte de su madre o un último adiós a ella, la manera de configurar el discurso abre otras líneas de diálogo ante lo expuesto. En este sentido, la acción del artista se transforma  en un discurso engañoso, en el sentido de que, a  la manera más "obvia" y directa logra captar la atención del espectador al formar puentes de comunicación empáticas que permiten la identificación en el otro, catalizando así las emociones que permiten la apertura a otros tópicos de reflexión tales como: la soledad y la autoscopia que impide la comunicación o peor aún, el desinterés de los individuos de entablar una relación.

 La lectura entonces se vuelca en una crítica a la existencia desconectada de los grupos de personas que guardan una proximidad, evidencia la crisis existencial de un mundo ruidoso, la soledad dentro del ámbito social, el individualismo, los relatos individuales que no buscan una retroalimentación y más bien van dirigidos a ser un doloroso placer íntimo, que busca un deshago en otros, es decir, los otros son herramientas para un fin egoísta, tratándolos como depositos, evidencia entonces, el constante ensimismamiento en el actuar humano.

En otro nivel de lectura, debido a los orígenes del artista, no se puede separar la idea de que también se busca criticar  las estructuras del sistema que inhabilitan otra forma de actuar que sea opuesta al protocolo establecido, o bien, que cancelan la interacción empática humana y la limitan a un servicio para aun fin comercial, sobre todo en una sociedad tan recta, disciplinaria y estricta como lo es la sociedad japonesa.

El artista retrata cómo los individuos gritan al mismo tiempo, ya sea como protesta, luto o inconformidad,  sin escucharse, atrapados en el sonido de sus propias voces, esperando que lleguen a alguien.


Esmeralda Arredondo Islas








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