martes, 23 de febrero de 2016

Edward Burtynsky, Manufactured Landscapes

Edward Burtynsky, Manufactured Landscapes

El documental Manufactured Landscapes dirigido por Jennifer Baichwal, trata sobre el trabajo del fotógrafo Edward Burtynsky. La película cuenta con la colaboración del mismo Burtynsky como narrador que habla sobre su propia obra, cómo llegó a desarrollarla y su objetivo como artista.

    El video comienza con una toma larguísima (de aproximandamente ocho minutos) al interior de una fábrica. Es un recorrido de un espacio artificial -o construido por el hombre- muy impresionante en sus dimensiones. El tiempo que se tarda la cámara en recorrer este espacio monótono y repetitivo, crea la ilusión de que es un espacio infinito. Dicho recorrido se lleva a cabo con una misma velocidad, la cual evidencía un ritmo espacial: pasillo, cajas, trabajadores, cajas, pasillo… Aunque las máquinas, los trabajadores y el trabajo que realizan cambian a lo largo de esta trayectoria, visualmente aparentan ser lo mismo una y otra vez gracias a los uniformes que portan los obreros, la luz que entra al lugar, la distribución de las personas, máquinas y productos así como los sonidos emitidos por esta actividad de producción en masa. Todos estos elementos audiovisuales crean la sensación de que esa realidad industrial es una que consume a todas las demás.

     A fin de intensificar esta sensación, tras presentar el interior de la fábrica se muestra una toma del exterior, que resulta igual de extensa y repetitiva. Hordas de gente vestida de amarillo cuya identidad se desvanece, edificios amarillos que se repiten uno tras otro, calles comparables a los pasillos de la fábrica. La cámara hace un acercamiento y transición a una puerta amarilla de la fábrica que está decorada con una serigrafía de un campo de girasoles que termina de engrosar la experiencia industrial al otorgarle un tono irónico.

     Junto con las imágenes de este paisaje industrial aparentemente infinito, se oye al artista hablar sobre su obra. Burtynsky comienza por presentar el propósito de su proyecto como uno ambientalista. Explica que venimos de la naturaleza y si la destruimos, nos destruimos a nosotros mismos. Esta idea no es una nueva y parece un tanto obvia, sin embargo creo que lo que él busca es subrayar la forma en que ya hemos avanzado mucho en un proceso indudablemente autodestructivo, y uno de los síntomas más obvios de esta autodestrucción, es la forma en la que hemos alterado el paisaje. Como lo indica el título, para Burtynsky la construcción industrial es un tipo de paisaje, y lo que él hace es retratar a estos paisajes."Maybe the landscape of our time… is the landscape that we change, the one that we disrupt in pursuit of progress… I'm trying to look at the industrial landscape as a way of defining who we are and our relationship to the planet". También aclara que no pretende presentar a la industria como un bien o un mal, sino tal y como es. Es decir, procura una intención descriptiva para que el espectador no se sienta criticado o retado de ninguna manera y pueda observar, pues así podría comprender la verdadera dimensión de los paisajes retratados. Sin embargo, creo que aunque dice querer presentar las cosas como son, el documental y la obra expuesta en él, sí tienen un tono moral; estamos terminando con nuestro mundo y la mayoría de nosotros ni siquiera conoce la gravedad del asunto.
     Para hacer evidente dicha inconsciencia, el artista traslada la experiencia de visitar estos paisajes al mundo del espectador que conoce la obra artística de Burtynsky (ya sea en una exposición, libro o el mismo documental). Al final del día, este tipo de paisaje presenta una realidad que la mayoría de las personas que suelen ver exposiciones artísticas, sólo conocerán en fotografía.

     Baichwal estructura la película en formato punto-contrapunto. Es decir, yuxtapone los procesos constructivos y destructivos que conforman al paisaje industrial. Presenta a las fábricas que hemos creado y lo que producen así como estos mismos productos pero convertidos en basura. Muestra la expansión urbana junto a la destrucción de poblados enteros. El consumo del petróleo y su extracción.

    Aunque la fotografía de Burtynsky es dramática por sí misma, Baichwal exagera la secuencia de fotos presentadas en el documental con la música (generalmente en tonos menores). También las grabaciones de sonidos industriales avivan la experiencia del espectador ante la imagen.

     Sin embargo, cabe mencionar que la parte auditiva del documental no es lo único que apela a las emociones del espectador. Así como Baichwal se vale de las herramientas del cine para extremar el discurso de Burtynsky, el mismo fotógrafo busca darle un giro sentimental a muchas de sus piezas. Por ejemplo, humaniza estos paisajes al retratar también a las personas que interactúan con ellos. No sólo muestra a los obreros con rostros estoicos trabajando como lo hacen las máquinas, sino que también fotografía a niñas jugando y riendo en los montones de basura en China, a los jóvenes que cantan mientras caminan descalzos sobre el petróleo en Bangladesh… Nos muestra el lado más humano de estos personajes para que podamos relacionarnos con ellos y la realidad que están forzados a vivir.

     Creo que es imposible negar la brutalidad de observar estos paisajes y la reflexión que incita su contemplación. Incluso sin las herramientas sentimentales que utilizan Burtynsky y Baichwal mencionadas anteriormente, me atrevería a decir que el espectador promedio se estremecería al ver estos paisajes. En este sentido, se podría decir que el artista es exitoso pues logra resaltar nuestro alarmante consumo de la tierra y sus recursos, sin embargo existe una actitud del artista que podríamos reprender. Comparable a los foto-reporteros que registran las atrocidades de la guerra y crímenes contra la humanidad que se vuelven de cierta forma partícipes al adoptar una actitud pasiva, uno podría criticar Burtynsky y su forma de vida como consumidor occidental que contribuye a la misma ruina que expone. Él mismo se reconoce como consumidor al manejar un coche, al utilizar una cámara, pero no cesa de usarlos a pesar de conocer su origen y catastróficas repercusiones ambientales. Por otro lado, exponer el problema y comunicarlo con los demás efectivamente es un primer paso hacia tratar de sosegar la crisis.



lunes, 22 de febrero de 2016

Sobre Manufactured Landscapes(2006) de Edward Burtynsky.

Fábricas, trabajo, maquinaria y humanos, esto caracteriza no solo la obra de Burtynsky, sino  que conforma el paisaje diario de de una importante parte de la población mundial. 

Uniformados, todos hacen lo mismo, funcionan igual, van a un ritmo determinado y no se detienen, como consecuencia, la "naturaleza" creada por el hombre, copia sus reglas, imita sus movimientos; la individualidad de sus partes se se pierde para generar el bien de una sola parte, aquí la noción de naturaleza tiene un evidente quiebre, el paisaje natural se conforma de caracteres que funcionen entre sí y para sí, tanto individual como grupalmente, y en esta realidad humana, nada. Las personas, partes, que forman la industria se convierten el piezas sustituibles, su valor humano se pierde, les hes quitado, la producción no sólo lastima su individualidad, también ensucia y enferma todo lo alguna vez creado. 

Monsecors
Sobre My Voice Would Reach You (2009) de Meiro Koizumi.

Un joven hablando por celular en medio de una abundante conglomeración de personas, al comienzo todos los sonidos se entrelazan, la calle, la gente, él. Conforme va avanzando el tiempo, la atención se centra sobre él y la conversación que sostiene, tal parece que es su madre al otro lado del teléfono, continua el video, el sonido remite únicamente a  nuestro personaje ahora; su rostro luce común al principio, conforme avanza la trama, angustia y tristeza son evidentes. La carta, el papel de  la memoria se apropia del video, texto que alude a su infancia, experiencias y recuerdos, por último, el deseo generador de la serie de imágenes pasadas y consecuentes, el recuerdo de su madre, la necesidad de su presencia.

Al teléfono contestadoras humanas, el diálogo se desconectó, mas bien, nunca lo hubo, no hay respuesta de ninguna de las partes, mensaje trunco. No hubo respuesta alguna nunca. 

Se construye la cotidianidad, el acercamiento constante tanto del sonido como como de la imagen solo  la intensifican más, crean el discurso que se desvanece al final. Las imágenes de fondo que aparecían conforme la narración de la carta contribuían a esta idea de lo cotidiano y del mensaje aislado, sin receptor aparente, escenas de lugares comúnmente transcurridos por miles de personas sin conexión entre ellas, esta falta de relación y comunicación en cuanto ala magnitud del espacio se traslada así mismo a la particularidad de las relaciones del hombre en sí. 

  Monsecors

Voices do reach us

¿Cuántas veces se debe decir algo para poder comunicarte con los otros?

Parece que la obra del artista japonés Meiro Koisumi, My Voice will reach you del año 2009, es una evidencia del aislamiento que se produce en los habitantes de metrópolis hipermodernas, que necesitan de aparatos tecnológicos para interactuar con los otros y son incapaces de comunicarse entre sí. 

En la obra, protagonizada por un hombre joven de traje y corbata que se encuentra conversando por un teléfono celular en la intersección de dos calles, hay una serie de alteraciones al sonido del ambiente y de la conversación, que serán claves para el desarrollo del vídeo. En un primer momento, cuando sólo escuchamos el lado de la conversación del hombre, parece que esta es completamente normal, aunque esto es sólo una ilusión; después de repetirse varias veces, en las que el muchacho utiliza los mismos diálogos una y otra vez, la conversación es interrumpida por un relato de una anécdota de su infancia, en el que se contextualiza la relación que tenía con su mamá y sus profundas dificultades, el vídeo regresa a la primera imagen, y repite las conversaciones que presenciamos al principio, sólo que esta vez escuchamos sus dos lados. Así, nos percatamos que quien está al otro extremo de la línea telefónica no es la mamá del individuo que conocimos al principio, sino diversos operadores de centros de atención a clientes, comúnmente llamados, call centers. Los operadores de estos centros no se explican porque el hombre está llamándoles o porque se expresa de esa forma, sin atender en lo más mínimo a su voz. 

Esta última situación llega a causar en el espectador o risa, por lo absurdo de la situación, o tristeza y conflicto, por la total conexión entre ambos interlocutores, y la desesperación del hombre del traje por hablar con su madre. Sin embargo, creo que vale la pena señalar que el conflicto que genera la aparente falla en la comunicación humana, es sólo el resultado de lo bien que Koisumi construye su obra. 

En el vídeo, el “actor” no se comunica con la persona del otro lado de la línea telefónica, se comunica con el espectador del video: la prioridad no está en tener una conversación lógica, amena y significativa por el celular, es la de producir un efecto o impacto en quienes observan la obra, objetivo que logra exitosamente, apelando a la sentimentalidad y el recuerdo propio de cada uno de nosotros, en relación a nuestra mamá. Esto lo logra recurriendo a la infancia, y a episodios de esta que en su momento no fueron significativos, pero que, al recordar a una persona ahora ausente e intentar recobrarla para además (re)construir una conexión madre-hijo que nunca existió, lo son. Al contrastar esto con el escenario en que se da ese momento, un ambiente citadino en el que sólo aparecen no-lugares, espacios donde prácticamente no son posibles esta clase de emociones, Koisumi engancha al espectador, y potencializa su sensibilidad y su inversión sentimental con la obra, aludiendo a la propia experiencia e historia individual y subjetiva del espectador.  

Así es como finalmente podemos deducir que la voz de Meiro Koisumi, de hecho si nos alcanza, afectando nuestras emociones, inevitablemente. 

miércoles, 17 de febrero de 2016

Meiro Koizumi: Los indicios del pasado y sus remanentes en el presente.


My voice will reach you (2009) es el nombre que recibe una de las piezas montadas por el artista japonés  Meiro Koizumi . La obra presentada es un video de corta duración cuya temática se centra en un personaje masculino, en sus acciones y en el espacio que lo rodea.

La primera escena del video enfoca a un individuo de escasos 35 años, éste se encuentra de pie, viste ropa formal y tiene un celular en la mano. El personaje está recargado en un semáforo posicionado en el extremo de una calle, rodeado de edificios y espectaculares, inmerso entre el ir y venir de múltiples  personas y autos. Realiza un ciclo de llamadas repetitivas en las que una y otra vez invita a su madre a salir, a que lo acompañe, a que se relajen un poco, a que se despreocupe por el dinero, sin embargo, a pesar de las diversas gesticulaciones emitidas por el personaje principal  nunca se escucha la voz de la madre.

En la segunda parte, el curso del video es permutado radicalmente. El personaje  empieza a leer una carta para su madre; en  ella expresa cuánto la extraña, lo mucho que la echa de menos,  lo difícil que es estar sin su presencia y los pensamientos cuantiosos que frecuentemente tiene sobre su pasado. Mientras expone sus sentimientos  aparecen en el fondo una serie de tomas de espacios vacíos, acto  seguido, una fotografía de su infancia en la que está acompañado por su madre.

Para finalizar el video, el artista nos remonta a la primera escena, revelándonos el fundamento que da coherencia a la lógica de su obra. Las llamadas que realizó en un inicio  no fueron con su madre, jamás cruzó palabra con ella, son llamadas azarosas realizadas a diversas personas en distintos contextos y lugares.  A todas las personas con las que se comunicó les repitió el mismo guión, las mismas preguntas; causando su asombro y desconcierto lo que los llevaba a interrumpir la llamada y eventualmente colgar. 

Compositivamente,  tiene un inicio donde plantea la situación, un desarrollo en el que desenvuelve los argumentos  y un desenlace en el que los elementos planteados cobran sentido. El uso de componentes como la música, la voz del personaje, el escenario, el movimiento, la posición, el enfoque de la cámara  y el ruido de la ciudad  captan la  atención del espectador en un solo punto. Es una obra segmentada, es decir está compuesta por piezas que son dadas por el artista pero que poco a poco van armándose por el espectador hasta que éste le otorgue nuevos significados.  El video  logra que el espectador capte la historia debido a que el artista utiliza símbolos y sentimientos universales que son fáciles de emular en cada persona.

Este video más allá de ser una crítica hacia un sector, una persona o un tema en específico se concentra en el juego de emociones; en la presencia del pasado, en las memorias de la niñez, en los recuerdos, en la soledad, en el arrepentimiento, en el anhelo de regresar a espacios y tiempos que no volverán. 

El personaje encuentra indicios del pasado que siguen presentes en sus sentimientos y pensamientos; afectando, interviniendo, reconfigurando y resignificando su presente. 


Por Itzel Hinojosa Padilla

martes, 2 de febrero de 2016

La ausencia en la presencia: My voice will reach you



Meiro Koizumi  es un artista japonés que a partir de un montaje escénico en su vídeo-instalación: My voice will reach you,  evidencia la ausencia en la presencia dentro de la sociedad actual, es decir, la situación de la aparente cercanía con el otro dentro de una comunidad, que a la vez es indiferente y aislada, que se mira como una otredad con la que no guarda una aproximación sensible o comunicativa, transformando  así, la interacción en una acción mecánica y desentendida.

Al comienzo del vídeo se pueden percibir los sonidos urbanos de una metrópolis en movimiento. En la escena principal se ve a un hombre, en medio de un cruce peatonal, llevando acabo una conversación por celular, de la  que sólo se puede oír su intervención, la conversación revela que la persona al otro lado del celular es la madre del protagonista. 

A su alrededor se observa el transito sin cesar de gente que viene y va de manera autómata. La luz  del día cambia progresivamente a la par del desarrollo de la conversación, dando la sensación de un cambio temporal en donde la acción del hombre se ve interrumpida y a manera de edición se arma un discurso coherente entre él y el receptor ausente.  El observador perspicaz puede intuir, debido al nombre del vídeo, que la madre ya no está con vida y el acto del hombre al habla se conforma como un intento de revivirla o incluso cómo una forma de enfrentarse al duelo.

Las sospechas se confirman cuando el vídeo pierde el sonido y el entorno urbano en movimiento muta a una secuencia de fotografías de escenarios aislados, acompañados por una carta hecha por un hijo a su madre en la cual se plasman recuerdos de su niñez, los lugares aislados cambian a fotografías que ilustran los recuerdos infantiles de quien la escribe. De manera agridulce, el autor de la carta reconoce la limitación en la que se encuentra, pues la carta jamás podrá ser recibida. Sin embargo, en un tono nostálgico, declara su esperanza de que sus palabras lleguen hasta donde puedan ser escuchadas por la persona a la que son destinadas.

Con este giro amargo, el vídeo regresa a la escena que abrió la puesta: el hombre hablando por celular, sólo que en esta ocasión, se nos permite escuchar la repuesta del interlocutor. Se revela entonces que la persona al extremo del aparato es en realidad un grupo de vendedores y empleados de asistencia telefónica. 

El hombre se dirige a ellos como si hablara con su madre, des-contextualizando a los venderos quienes, al no saber cómo reaccionar, intentan aclarar lo que creen que es una confusión por parte del hombre al habla, explicando su función y repitiendo la empresa para la que trabajan, o bien forzando la conversación a como "debería de ser", es decir, intentan cumplir con su función brindándole al hombre la atención que su puesto demanda, ignorando las palabras de este. Al mismo tiempo el hombre ignora los intentos de los interlocutores y a manera de monólogo prosigue con su guion. 

El diálogo del hombre se repite una y otra vez con cada vendedor. A partir de este intercambio unilateral e individual de comunicación, se conforma una sola narrativa hasta que al final, la conversación es terminada por parte del interlocutor al cortar la llamada, dejando al hombre preguntándose una y otra vez por su madre.

El vídeo tiene varios niveles de interpretación. Si bien, en un principio, puede leerse como una catarsis por parte del artista ante la muerte de su madre o un último adiós a ella, la manera de configurar el discurso abre otras líneas de diálogo ante lo expuesto. En este sentido, la acción del artista se transforma  en un discurso engañoso, en el sentido de que, a  la manera más "obvia" y directa logra captar la atención del espectador al formar puentes de comunicación empáticas que permiten la identificación en el otro, catalizando así las emociones que permiten la apertura a otros tópicos de reflexión tales como: la soledad y la autoscopia que impide la comunicación o peor aún, el desinterés de los individuos de entablar una relación.

 La lectura entonces se vuelca en una crítica a la existencia desconectada de los grupos de personas que guardan una proximidad, evidencia la crisis existencial de un mundo ruidoso, la soledad dentro del ámbito social, el individualismo, los relatos individuales que no buscan una retroalimentación y más bien van dirigidos a ser un doloroso placer íntimo, que busca un deshago en otros, es decir, los otros son herramientas para un fin egoísta, tratándolos como depositos, evidencia entonces, el constante ensimismamiento en el actuar humano.

En otro nivel de lectura, debido a los orígenes del artista, no se puede separar la idea de que también se busca criticar  las estructuras del sistema que inhabilitan otra forma de actuar que sea opuesta al protocolo establecido, o bien, que cancelan la interacción empática humana y la limitan a un servicio para aun fin comercial, sobre todo en una sociedad tan recta, disciplinaria y estricta como lo es la sociedad japonesa.

El artista retrata cómo los individuos gritan al mismo tiempo, ya sea como protesta, luto o inconformidad,  sin escucharse, atrapados en el sonido de sus propias voces, esperando que lleguen a alguien.


Esmeralda Arredondo Islas