martes, 22 de marzo de 2016

Las dos caras del viento y su relación con el hombre

Del viento y la piedra

Del viento y la piedra, exposición pensada para montarse dentro del espacio conocido como La Celda Contemporáneo, reúne a los artistas plásticos  Saúl Kaminer y Francisco Muñoz quienes, a través de sus obras, invitan a reflexionar el tema de la manifestación del viento, de manera física y metafórica, abordando cómo éste se relaciona y afecta la vida material del hombre.

En la primera sala encontramos la obra de Saúl Kaminer donde se hace presente la noción del espacio que habita el viento. La intención de esta instalación fue descrita por  la curadora Roselin Rodríguez  como “Transforma la bidimensionalidad del dibujo en una escultura-sistema respiratorio. [...]". 
La obra  consiste en la creación de este simulacro de aparato respiratorio formado a partir de tubos  de aluminio unidos y dispuestos en formas orgánicos, suspendidos del techo del recinto.  Esté modelo fue pensado para ser transitable e invitar al espectador a moverse, siguiendo el mismo recorrido del viento que circula dentro de la escultura, lo cual obliga al espectador a involucrarse y llevar a la conciencia algo que está presente siempre pero no se puede ver.  Esta pieza insinúa la manera en que el viento se hace presente en las construcciones humanas.

La pieza escultórica de Kaminer supone la manifestación espacial y auditiva a través de ella del viento. Sin embargo, la única forma en la que se revela el viento es precisamente en el espacio que crea la misma forma de la obra, puesto que los únicos sonidos que se aprecian son los ruidos ambientales de la música en la sala de exposición. No obstante, la presencia del viento que circula dentro de la pieza dibuja en la mente del visitante esta cualidad del mismo, remarcando la importancia de la instalación.

Por su parte la segunda sala alberga la obra de Francisco Muñoz, quien se inclinó hacia la manifestación simbólica del viento, nos muestra una serie de objetos colocados a lo largo del extenso suelo de vidrio donde se hacen visibles las ruinas del antiguo convento de San Jerónimo. El discurso de esta sala parece estar dirigido a la reflexión de la naturaleza destructora del viento, en oposición a la primera sala, pues nos enseñan objetos comunes del día a día, hechos en vaciado en concreto, que simulan la erosión ocasionada por el tiempo y la constante manifestación viento.

A partir de esta propuesta, se invita a pensar sobre el concepto de ruina en la época actual, donde se está en un constate circulo de uso y desuso. A través del tiempo, los objetos de la vida material en este paisaje reflejan la huella  del viento. En consonancia con la primera sala, también se maneja la idea de la intervención del hombre en estos paisajes artificiales producidos por sus desperdicios, a través de los cuales se hace visible el viento.


Además de la reflexión de las formas en  las que el viento habita en el espacio y deja vestigios de dicho tránsito, el viento como fuerza creadora pero también destructiva pareciera ser parte de la premisa de la exposición Del viento y la piedra.

Ambas formas de pensar al viento se dirigen a señalar  la convivencia de éste con el hombre, pero también la forma en que ambos afectan su entorno a través de sus dos rostros: el creador y el destructor; haciendo una resonancia entre ambos a partir de esta cualidad dual, traducida y llevada a la idea de memoria material donde el elemento de la naturaleza perdura permanentemente donde el hombre sólo deja sus huellas vueltas ruinas.
Del viento y la piedra es una exposición que requiere verse con calma y de manera reflexiva, tratando que la pieza hable por sí misma.
Esmeralda Arredondo Islas

miércoles, 2 de marzo de 2016




Planeada para exponerse en la Celda Contemporánea, espacio expositivo de Arte contemporáneo dentro de las instalaciones de la Universidad del Claustro de Sor Juana, Del viento y la piedra es la exposición que actualmente se alberga en ésta.

Realizada en colaboración entre dos artistas, la muestra aborda al viento como temática, la forma en que se presenta, la manera en que afecta la materialidad y su percepción a través de los sentidos.

El primero de ellos es Saúl Kaminer, quien lleva a la tridimensionalidad una suerte de sistema respiratorio que originalmente fue planteado como un dibujo, al que le confiere vida a través de un conducto metálico con formas orgánicas, mismas que se posibilitaron gracias a la maleabilidad propia del material, y que genera sonidos estentóreos y conduce viento en su interior. 

Por su parte, Francisco Muñoz realizó, con ayuda de moldes, una serie de objetos de uso diario, como un mouse de computadora, un balón de fútbol y patitos de hule que funcionan como fósiles que a propósito presentan marcas de la rebaba dejada al ser desmontados de su contenedor, así como fracturas causadas por la misma situación, que lejos de ser fortuitas, apuntan deliberadamente a los restos del  Ex Convento de San Jerónimo visibles a través del suelo de cristal, mismo en el que los pseudo fósiles están dispuestos, con que cuenta la Celda Contemporánea, articulándose como eco entre las diferentes culturas, el paso del tiempo, el devenir y la erosión que el viento ha causado en ellas.


La interrogante que se genera entonces es cómo generar y mantener el equilibrio entre la exposición que se presenta en esta galería y las ruinas que arquitectónicamente le son inherentes, dado que de no ser así, la atención de los espectadores se desvía a esta últimas a causa de llamar más la atención por ser de factura poco convencional. 


Isabel De la Vega



martes, 1 de marzo de 2016

Del viento y la piedra

Del viento y piedra


Esta es una exposición que fue diseñada específicamente para el espacio conocido como “Celda Contemporánea” en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Dicha especificidad la acerca más al ámbito de la instalación que al escultórico, sin embargo la exposición se puede dividir en dos “esculturas”; una pieza de gran formato y otra de múltiples partes de formato chico pero dispuestas de manera extensa. En este espacio situado sobre las ruinas del mismo Claustro, los artistas Saúl Kaminer y Francisco Muñoz crean un discurso sobre “las formas que habitan el viento” de manera plástica y sonora.
La primera sala expone la obra de Saúl Kaminer, quien -según Roselin Rodríguez (autora del texto curatorial)- crea una pieza que encarna “la especialización del dibujo en forma transitable y la conversión de la instalación en mecanismo”. La segunda sala aloja la obra de Francisco Muñoz, quien coloca en el suelo una serie de diferentes objetos “replicados en el más común material de construcción y, con este gesto, [los despoja] de su valor objetual anterior para devenir en un rastro visual de formas que simula un paisaje diseñado por las ráfagas”.
La pieza de Kaminer efectivamente tiene una cualidad de dibujo a pesar de su tridimensionalidad y convierte a este trazo orgánico en un espacio transitable. También es cierto que trata a su instalación como mecanismo, pues usa materiales industriales que usualmente cumplirían una función en una fábrica. Sin embargo, a nivel plástico tenía algunos problemas; las uniones de cada manguera estaban envueltas en papel aluminio, detalle que ensuciaba visualmente la elegancia del sistema respiratorio industrial. Si “un espacio se forma por el conjunto de relaciones que ocurren en él”, los puntos en los que se une una manguera con otra (o en lenguaje bidimensional, una línea con otra), son de suma importancia pues son la médula de dichas relaciones.
Asimismo, la obra de Muñoz tiene algunos defectos plásticos. Aunque logra su cometido al despojar a los objetos de su valor y convertirlos en un rastro dentro de una ruina arqueológica, habría que cuestionar su selección de material. Lo que dice Rodríguez es cierto en cuanto al concreto como el material de construcción más común, sin embargo no es necesariamente el mejor medio para “simular un paisaje diseñado por ráfagas”. El concreto nos remite más bien a una erosión creada por mano humana al extraer el material de las montañas, no al delicado desgaste que sufren los objetos expuestos al viento. Quizá si las piezas fuesen de barro podría establecer un vínculo más cercano entre la materialidad de la obra y su contenido.